Iniciación a la escritura creativa UPZ - La espera

 




Conducían un Ford Fiesta azul de los años 90 que tenía demasiados kilómetros. Peláez había estado todo el camino quejándose; primero del coche, después del mal tiempo y, tras repostar en la estación de servicio, del desorbitado precio de la gasolina. Ramírez asentía concentrado en la carretera mientras miraba de reojo el GPS. Con el tiempo, había aprendido que esa era la mejor forma de ignorarlo. Giró en la siguiente calle y vio el parque al fondo. Ese era su destino, pisó el freno y aparcó en un badén de carga y descarga. Total, nadie le iba a multar. Sonrió y apagó el motor. Peláez miró primero a su alrededor y después lo miró a él.

—¿Seguro que es aquí? —preguntó mientras se rascaba la calva. Ramírez se limitó a asentir con la cabeza.

Pelaez era una leyenda en la comisaría. En su juventud había tenido la suerte de ser la pieza clave para desmantelar una importante red de narcotráfico y esa misma suerte le había acompañado toda su carrera, había resuelto casi una decena de casos sonados y lo habían ascendido a inspector. Pero la edad no perdonaba. A pocos meses de su jubilación, estaba más pendiente del dolor de sus rodillas o del partido del domingo, que de hacer medianamente bien su trabajo. Y eso a Ramirez le sacaba de quicio.

La noche se planteaba larga. Llevaban tiempo detrás de un tarado que atracaba pequeños comercios vestido de oso de peluche. Cada asalto se volvía más violento. Habían recibido el aviso de que lo habían visto rondar por esa zona.

Ramirez sintonizó la emisora de la policía.

—Aquí patrulla 455, estamos estacionados, envío ubicación.

—Recibido. —Una voz distorsionada salió por el altavoz—. Manténgase a la espera e informen si ven algo.

—Recibido —repitió Ramirez y cortó la transmisión.  

—¿Y qué tenemos que ver exactamente? —preguntó Pelaez. Ramirez lo miró con asombro. ¿Le estaba tomando el pelo?

—¿A un tío disfrazado? —respondió mientras se encogía de hombros—. Inspector, nos lo han explicado en comisaría. Lo han visto por esta zona.

—Si, si, claro… —dijo Pelaez algo ensimismado, mientras cogía un botellín de agua de la guantera. Lo abrió despacio y dio un largo trago. Después volvió a mirar a su compañero. —¿Disfrazado de qué?

Ramirez soltó un suspiro. Tenía que tener paciencia.

—De oso de peluche —respondió tras unos segundos.

Pelaez asintió y se terminó el agua. Acto seguido empezó a rebuscar por debajo del asiento.

—¿Qué hace, inspector? 

—¿Dónde está la palanquita para mover el asiento? Me está matando la espalda. —Cuando Ramirez iba a ayudarle, el asiento dio un respingo que hizo que se agitara todo el coche. —¡Ah ya está!, mucho mejor así.

Ramirez cogió aire y se concentró en el exterior. Había que capturar al sospechoso antes de que hiciese daño a alguien.

—¿Qué tipo de oso? —preguntó Pelaez. Ramirez lo miró sin entender la pregunta—, quiero decir, no es lo mismo un oso panda que un oso polar…

—¿Qué más da? Es un tío disfrazado. No creo que…

—Carnavales —lo interrumpió.

—¿Carnavales? —repitió Ramirez.

—Eso que la gente se disfraza —contestó algo molesto por tener que explicar algo tan obvio. —¿Pero eso no es en febrero?

A Ramírez le costaba mantener la calma con las, cada vez más frecuentes, divagaciones de su compañero. Sabía que debía armarse de paciencia.

—¡Pardo, pardo! —le escuchó decir de repente—. ¡Un oso pardo!

Ramírez miró la calle y lo vio, un tío disfrazado de un enorme oso marrón. Salió del coche y corrió hacia él.

—¡Alto, policía! —gritó apuntándole con el arma.


Ejercicio curso de escritura creativa - Iniciación  -Diálogos: Escribir un relato de unas 500 palabras donde haya diálogos y acotaciones

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