La Llamada.



Ya eran más de las cinco de la tarde, aunque el tiempo para ella hacía mucho que no importaba. Sentada en el sofá y mirando ese maldito teléfono que no quería sonar. El tic-tac del reloj taladraba su cabeza como un doloroso recuerdo. Estaba ansiosa, asustada. Ya debería haberla llamado. Se levantó a la cocina. Necesitaba hacer algo para llenar ese desesperante vacío, llenar esa espera que la volvía loca.

"Din, don, din", el reloj marcó las cinco y media. Ya había limpiado toda la cocina y reorganizado el frigorífico. Y el teléfono seguía empeñado en guardar ese silencio. Ya no lo aguantaba más, era tanta la presión, que sentía que en cualquier momento se le saldría el corazón por la boca. Se volvió a sentar. Volvió a contemplar el teléfono.

No. No sonaba. No hacía ningún tipo de sonido, ni de ruido, ni se movía... ¡ah! sí parecía moverse... no... no se movía.

Precisamente en el momento que había perdido la esperanza un tímido "riiiiing" empezó a oírse. Ansiosa cogió el teléfono. Al otro lado de la línea, una voz agradable le habló:

—¡Buenas tardes! ¿Hablo con el titular de la línea?

Ella ni siquiera contestó. Colgó el teléfono con rabia y con lágrimas en los ojos. Él nunca la iba a llamar, así que se levantó y salió por la puerta: ya no iba a esperar más.


A las cinco y cincuenta y tres un sonido invadió el silencio de una casa vacía. Un teléfono sonaba. Al otro lado de la línea un hombre tímido había decidido por fin hacer la llamada que había intentado hacer toda la tarde y no había tenido el valor suficiente. Nadie descolgó el teléfono.


Taller de literatura de Ángel Longás - Tema libre

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