Crin de madera


Me construyeron con la forma de un enorme caballo, un formidable semental de madera tallado por las manos más expertas de Grecia. Tan hermoso como alevoso. Había que levantar la vista al cielo para apreciarme en toda mi magnitud: el perfecto tributo a Atenea.

Fui entregado a los troyanos que encantados me tomaron como símbolo de su incuestionable victoria. Los griegos después de diez años de asedio se estaban retirando.

Si es verdad que hubo cierta reticencia entre los troyanos mas viejos, me miraban de reojo y me alababan a regañadientes mientras cuchicheaban a hurtadillas sobre traiciones y conspiraciones. Pero nada conseguía eclipsar mi grandeza.

Siento el calor, la excitación, la furia de los que están dentro de mi. Respiraciones aceleradas, los guerreros se preparan. Parece que por fin sucede algo: nos movemos.

Estamos atravesando la muralla. Cientos de personas me contemplan, se inclinan ante mi magnificencia, me agasajan, me vitorean. Troya es una gran ciudad rica y hermosa. Me contagio de la euforia de mis ocupantes. Me exalto y orgulloso relincho en silencio.

Los festejos duran hasta bien entrada la noche y poco a poco los troyanos se van retirando a sus hogares. Una vez desaparece la algarabía un pequeño crujido rompe el conticinio.

Los valientes guerreros salen de mis entrañas y corren para abrir las puertas de la ciudad a su ejército que permanece oculto tras los muros. Pronto se escuchan otros ruidos, gritos, golpes, choque de espadas.

Mañana cuando Helios acaricie mi crin, Troya será nuestra.


Taller de literatura de Pepe de Uña - Tema "Yo estuve allí" (relatado desde el punto de vista de un objeto)
Publicado en el libro "Rosa, Rosae" recopilación de relatos del taller de Pepe de Uña


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