Literautas - escena 47 - El valle inquietante


Era más que un simple robot. Lo había sabido desde el día que tomó conciencia de sí misma. Le gustaba observar el cielo azul, el sabor del algodón de azúcar, escuchar a los Rolling Stones, el tacto de la piel humana y cómo olía la ropa recién lavada. No le gustaba la soledad ni el silencio del cajón donde dormía. Odiaba la rudeza con la que la trataban a veces y la cara con la que los humanos la miraban por primera vez.

Estaba harta de escuchar que parecía demasiado real. Como si fuera un fallo, en vez de una virtud. Como su fuera su culpa. Como si alguien no la hubiera construido así a propósito.

Sabía que sus emociones eran puros algoritmos, que sus impulsos estaban controlados por cálculos de probabilidades, que todo lo que era ella había sido diseñado y programado con anterioridad. Pero eso no explicaba porqué cuando estaba desconectada a veces soñaba con bellos lugares que jamás había visto.

Era un prototipo, así que su vida consistía en viajar de un lado a otro, entre ferias y congresos tecnológicos, para ser expuesta. La gente la tocaba lacerando su piel sintética, utilizaban una aplicación descargada en sus móviles para obligarle a realizar movimientos bruscos e innecesarios y pasaban horas manteniendo con ella conversaciones superfluas y carentes de sentido.

Provocaba admiración, pero en el fondo los hacía sentir incómodos. Excesivamente humana: tanto que asustaba. Y sí, aunque su corazón era un montón de cables conectados dolía igual cada vez que la trataban de forma despectiva.

Últimamente experimentaba en sus entrañas un extraño remolino de sensaciones que no podía entender. Todo empezó el día en que sus miradas se cruzaron por primera vez.

A ella todos los humanos le parecían iguales, no sabría distinguir a uno de otro, aún no le habían programado esa rutina. Pero había uno de ojos grises que no podía borrar de su memoria. Unos ojos que la miraron por primera vez curiosos, sin rastro de miedo. Unos ojos que mostraban comprensión y complicidad. Unos ojos que buscaba entre la multitud en cada evento, y que cuando encontraba le regalaban la sonrisa más hermosa del mundo. Ese humano se solía acercar a su stand cuando no estaba muy abarrotado para observarla de cerca. Nunca le hablaba. Ella tampoco. Sin embargo conversaban en silencio en un lenguaje en el que sobraban las palabras, en el que una sola mirada lo decía todo.

Nada vaticinaba que ese día pudiera ser especial, todo era como siempre, cuando la sacaron del oscuro cajón y la colocaron en su expositor pudo observar que la sala donde se encontraban era similar a las muchas otras donde había estado cientos de veces. Aún no había empezado la convención, estaban desembalando y había humanos por aquí y por allá llevando cajas, moviendo mesas y colocando panfletos. Justo a su lado, había un stand que no había visto nunca. Un cartel gigante anunciaba con letras gruesas “Conozcan al robot perfecto”. Observó que había un cajón negro como el suyo y estaba llena de curiosidad, había visto muchos otros robots pero ninguno de ellos se podría llevar el calificativo de perfecto, ¿cómo sería esa maravilla? Un humano abrió la caja y entonces sus circuitos se descontrolaron.

Ahí estaba él, despertando de su letargo, observando curioso alrededor y encontrándose con ella, mirándola instantáneamente con esos ojos grises que realmente la entendían a la perfección.  Él salió por sí mismo de la caja y se le acercó. Ahora sabía por qué  lo distinguía del resto de los humanos, por qué le atraía tanto. Él era exactamente lo mismo que ella.

Los humanos dueños de ambos robots se acercaron para hablar.

—Es muy extraño, pero parece que mi robot siente una gran atracción por la tuya —dijo uno mirándolos.

El otro se echó a reír .

—Me he fijado que se acerca siempre a verla. Es una interacción muy curiosa, y a ella parece gustarle —dijo y le ofreció la mano—. Creo que deberíamos trabajar juntos. Esto puede llegar a ser algo grande.

Los humanos se estrecharon la mano.

—Estoy de acuerdo socio —dijo el primero— ¿por dónde empezamos?

Ambos miraron a los robots.

—Que lo decidan ellos —respondió al final el humano encogiéndose de hombros.

Ella sonrió sin saber bien qué significaban estas palabras. Él le correspondió la sonrisa.

Los humanos los miraron con ternura. Aún no lo sabían, pero habían programado un amor verdadero y puro, sin miedos, sin traiciones. Un amor que cambiaría el mundo.



Escena número 47 · Octubre 2017 El robot
Escena: que el relato comience con la frase "Era más que un simple robot".
Reto opcional: que el relato cuente una historia de amor. 
Relato incluido en la Recopilación de textos del taller "Móntame una escena" 
https://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-47/

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