Inventízate II - Enero - Donde habitan los muertos



El viejo vampiro se recostó entre las lápidas para mirar el cielo estrellado. Tenía más de seiscientos años, pero le encantaba ese espectáculo. Vestía un impecable traje estilo años treinta.

El niño lo imitó y bostezó, le costaba una barbaridad mantener los ojos abiertos, pero como siempre, haría lo imposible por no dormirse. Iba descalzo y llevaba su pijama favorito, uno morado de fieltro muy suave que se solía poner cuando hacía frío. Aunque esa noche era especialmente calurosa.

—¿Falta mucho? —preguntó de repente.

El vampiro soltó una risa rota y siniestra que hizo sonreír al pequeño.

—No queda nada —le revolvió el pelo—, va a ser divertido.

De pronto se escuchó un fuerte estruendo en la puerta del cementerio. Alguien había roto el candado.

Dos gatos aparecieron a toda velocidad huyendo del alboroto y subieron al tejadillo del modesto panteón que tenían detrás, permanecieron allí agazapados tras un rechoncho querubín.

Se empezaron a ver luces de linterna a lo lejos. Eran unos jovenzuelos buscando emociones, no sabían hasta qué punto estaban cerca de encontrarlas.

El vampiro se levantó raudo y sigiloso. Hizo una señal al chico para que colocara a su lado.

—No veo nada —murmuró el chaval mientras escudriñaba la oscuridad.

El vampiro lo miró con seriedad y se puso el dedo en los labios para que se callara. El pequeño obedeció.

No tardaron mucho en escucharse pasos, en ese momento niño y vampiro permanecían al acecho en absoluto silencio.

El primero apareció por detrás de la zona de los nichos, alumbrando el suelo, hablaba en susurros con sus compañeros.

—Es la última vez que os hago caso. —Tropezó, casi cayendo al suelo.

—Su lápida está por aquí. —Se escuchó decir por detrás a una mujer.

Eran tres, se detuvieron en una olvidada tumba blanca, sin adornos y destrozada por el tiempo.

—Es esta —dijo el tercero arrodillándose.

Distraídos, como estaban, el vampiro se abalanzó sobre ellos.

—¿Qué cojones...? —El primero no pudo decir más con la garganta abierta.

Los otros dos intentaron huir, pero el vampiro era muy rápido y demasiado letal. El niño permaneció a su lado todo el tiempo, jugando a imitar sus movimientos.

Todo acabó muy deprisa.

El vampiro se deleitó exprimiendo hasta la última gota del manjar escarlata.

—Ha salido muy bien —le dijo al chaval que había estado observando con curiosidad como devoraba su peculiar festín—, pronto amanecerá, es hora de dormir.

El niño asintió con la cabeza en un gesto de inocencia pura, que ambos sabían que era falso, y se dirigió levitando hasta la tumba blanca. Con la llegada del día, su aspecto se hacía cada vez más translúcido. Sin mediar palabra, atravesó la losa y desapareció.

El vampiro sonrió mostrando sus afilados colmillos y se arremangó la camisa totalmente empapada de sangre. Con las manos en los bolsillos se alejó apresuradamente del camposanto.

Los gatos bajaron curiosos a olisquear los restos de los tres nuevos habitantes del cementerio.


Enero 2018 - ¡Qué me dices! https://www.literup.com/concursos/inventizate
a. Deben haber tres acotaciones dicendi y tres acotaciones no dicendi correctamente escritas. (No cumplido)
b. Deben aparecer dos gatos durante el tiempo presente del relato. (Cumplido)
c. Un personaje debe ir vestido de morado durante el tiempo presente del relato.(Cumplido)
Puntuaciones: 6/10 - 7/10 - 8/10 

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