#52RetosLiterup - Reto 05 - La partida

No entendía demasiado bien lo que estaba pasando, el pánico había nublado totalmente sus sentidos, y el ambiente cargado por el olor a sangre fresca le revolvía el estómago de tal forma que ya era incapaz de controlar las arcadas. Ni siquiera notaba que a su lado, su hermano temblaba descontroladamente en un estado muy similar al suyo. Observaba la escena por las rendijas de la madera. Era dificil saber si los bárbaros que habían asaltado su cabaña los había matado a todos,  mientras destrozaban lo poco que quedaba en pie.  No sabía cuándo ni como iba a acabar todo, pero un pequeño instinto de supervivencia le decía que no debía mover ni un pelo. Aún no habían mirado en la pared falsa donde estaban escondidos, pero si el dios de la fortuna aún estaba de su lado, se irían sin descubrirlos.

Fueron sin duda los momentos más terroríficos de su vida, e incluso bastante después de que se hubieran ido, tuvo que pasar un tiempo considerable hasta que se atrevió a girarse a mirar a su hermano.

Él seguía con los ojos muy abiertos, mirando lo que antes fueron sus padres y sus tres hermanos mayores. Tenía una expresión fría, sin sentimientos. Si no fuera por que respiraba, se podría haber dicho que estaba muerto. Lo zarandeó para que volviera en sí. Pero no hubo resultado. Le susurró primero, y gritó después. Si su hermano gemelo estaba en alguna parte, sin duda no era ahí. No quería, pues él ahora tenía que ser fuerte, pero se derrumbó y estuvo llorando como un bebé hasta que se quedó dormido.

Se despertó con los ojos rojos e hinchados y con un terrible sentimiento de odio que le costaba controlar. Su hermano descansaba a su lado, tumbado y mirando al vacío con la vista perdida. Volvió a intentar hablar con él sin éxito. Todo el horror que habían contemplado se lo había llevado lejos.

Abrió la puertecilla de madera con cuidado y salió a la cabaña. El olor era insoportable. Se obligó a mirar todos y cada uno de los cuerpos que había en el suelo. Padre, Madre, Axel, Egil y Lars, sus tres hermanos. Todos habían luchado como verdaderos guerreros, incluso Madre, pero los otros eran más fuertes, experimentados y les superaban en número. No habían tenido la más mínima oportunidad.

Cogió la espada de Padre, nunca se la habían dejado siquiera sostener. Ahora era suya. Pesaba mucho, pero crecería, se haría fuerte y aprendería a manejarla. Se asomó por la ventana, el resto de las cabañas estaban igual que la suya. Habían destrozado toda la aldea. Debía salir a comprobar si aún quedaba alguien con vida, pero no quería dejar a su hermano solo. Guardó la espada en su funda de cuero y se la echó al hombro. Volvió al escondite y cogió a su hermano de la mano. No puso demasiada resistencia y le acompañó como un cachorrito dócil.

Antes de salir de lo que había sido su casa volvió a observar a su familia. Eran demasiado pequeños para sacar los cuerpos y darles un funeral digno. Además no quería agasajar a los dioses que los habían abandonado. No tenía otra opción, tenía que quemar la cabaña para el fuego purificara sus almas. Miró a su hermano, seguía perdido, él era quien controlaba la magia, pero esta vez no podría ayudarle.

De pronto el corazón le dió un vuelco. Había alguien detrás de ellos. Se giró rápidamente desenvainado torpemente la espada.

—Por todos los dioses, ¡hay dos niños vivos! —gritó el elfo sorprendido.

Pronto aparecieron dos elfos más.

—No os asusteis, estamos aquí para ayudaros —dijo uno de los recién llegados acercandose a ellos con cuidado.

El niño bajó el arma y les sonrió. Los reconocía. Eran un grupo de mercaderes que visitaban a menudo la aldea.

Después de ayudarles a incinerar a su familia, y guardar todo los que les fuera a ser útil para el viaje, los elfos recogieron a los dos niños. Fue un comienzo duro, pero sentó la base a la gran cantidad de aventuras que les iba a tocar vivir.


Reto 05: Te toca escribir un relato de fantasía épica. 
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